En el Limbo (parte III)

13 09 2007

(Sí, es la parte III porque las dos anteriores estaban en el blog viejo)

Empecé a escribir la sinopsis del primer tomo de la versión definitiva de Historias Espaciales (que incluso tiene otro nombre pero no lo voy a quemar ahora), y me da cosa el concepto de empezar de cero todo un universo de personajes y situaciones.

¿Qué pasó con la versión anterior? ¿Se murieron todos? ¿Dejaron de existir? ¿O yo me tengo que acostar a dormir porque estoy preguntando pelotudeces?

En realidad son preocupaciones (sí, sí, estoy destruido) que me vienen cada tanto.

En el blog anterior hice dos entradas que hacían referencia a:

  1. El hecho que, como Historias Espaciales está congelada desde 2004, los personajes estén atrapados en el limbo.
  2. La cuestión de que si era moralmente correcto hacerlos sufrir o que les pasaran cosas malas.

Como me gustan las entradas largas, voy a citar las dos que hice en el blog anterior, aunque estén pésimamente redactadas.

En el Limbo (maldito Aristóteles)
Publicado el Martes, 13 de Diciembre de 2005 04:23 a.m.

La Iglesia Católica estuvo discutiendo la existencia del Limbo (esto es, el plano en donde están las almas de los niños no bautizados, entre otras, donde no sufren como en el mismísimo Infierno pero tampoco la pasan bomba como en el Cielo). Hacía mucho que no escuchaba o leía una referencia a ese ¿lugar?1 .

Me puse a pensar que los personajes de mi historieta están encerrados en su propio limbo. Ni vivos, ni muertos, suspendidos desde septiembre de 2004 (aunque no los dibujo en situación de historieta (!!????) desde julio de ese año), en un primer momento porque no tenía tiempo para mantener cierta regularidad, y luego porque decidí parar todo y reiniciarla, como cual tostadora reinicia la computadora cuando se cuelga.

Para mí, reiniciar implica arrasar con todo y empezar de cero. Así puedo mejorar lo que veo que funciona, eliminar lo que pienso que no sirve y retocar cosas que me molestan. Un gran problema que tenía era que como el relato no estaba estructurado, me era difícil seguir un hilo coherente, por más que tenga una idea más o menos cerrada para el relato, con el correspondiente tema, aunque es un despelote definir un tema y una idea (a lo bestia: un tema es de lo que hablo, y la idea es qué digo de lo que hablo) en un relato serializado porque es muy largo y surgen y desaparecen cientos de miles de millones de subtemas.

A esta altura el 93,74% de quienes estaban leyendo se fueron a leer [acá iba un enlace a un blog que no existe más] porque se perdieron. Yo casi me pierdo.

Tener cierta estructura te ayuda a mantener un rumbo, especialmente si el relato es largo, muy largo (¿y por qué me torturo con un relato muy largo? porque hace casi seis años que estoy con los mismos personajes y les tengo cariño). Lo que noto es que los personajes actúan porque sí, y las cosas pasan porque sí. Y uno me puede decir “Pero las cosas pasan porque pasan, si nada tiene sentido en esta vida”, para luego agarrar un revólver y volarse los sesos. En cierta manera comparto (no lo del revólver: prefiero un taladro), pero para mí en una ficción es distinto: quien lee, se cree (no es verosímil, me dijo una vez el colectivero) las cosas porque sí.

Entonces, resumiendo:

  • El relato no sigue un rumbo fijo y varía asquerosamente, ignorando lo que tenía definido.
  • Los personajes hacen las cosas porque sí.
  • (Agrego un item nuevo) Las dos partes estaban demasiado conectadas entre sí, cuando quería que la segunda fuera completamente independiente de la primera (y que además fuera continuación).

Los dos primeros items no se notan tanto en la segunda parte de la historieta (en la primera, Proyecto Zoid, es súper obvio), aunque se me hizo evidente cuando quería empezar a definir el rumbo definitivo.

Mi solución: meter todo en una gran licuadora mental, mezclar todo y armar un relato clásico. O sea (y simplificando muy a lo bestia), entre otras cosas:

  • Tres actos2 (o como lo vimos en primaria: principio, nudo, desenlace; o como lo quieran llamar).
  • Personajes fuertemente definidos en lo psicológico, que hacen las cosas por algo (están motivados).
  • Los sucesos son desencadenados por algo anterior (hay una fuerte causalidad); nada pasa porque sí.

Y podría ponerme hablar del esquema volitivo, puntos de giro y demás cosas pero no tiene sentido. Es más, este mensaje no tiene sentido, pero este es mi blog y hago lo que quiero. Viva mi anarquía.

Es por eso que la historieta está congelada. Porque armar un relato clásico es algo asqueroso y difícil de hacer, si se lo quiere hacer mínimamente bien 3 . A pesar que luego me simplifique la vida en muchas cosas (y lo más importante: compenetre más al lector, ya que éste esta mucho más acostumbrado a los relatos clásicos que a otro tipo de relatos).

Así que nada, Historias Espaciales volverá y te volará el peluquín. Aunque online seguramente en un formato parecido a una sitcom (la gran mayoría de este despelote es para algo más desarrollado para ser publicado en papel… el día que tenga la plata o que alguien se digne en publicarme algo). Pero hoy no tengo ganas de hablar de sitcoms.

1 Según la Enciclopedia Libre, la Iglesia desmintió la existencia del Limbo. Claro que yo creo lo que quiero y creo que además del limbo está la lambada, donde las almas de los bailarines menean sus caderas eternamente.
2 Cada capítulo consta de tres actos, e incluso se pueden armar “arcos” de por ejemplo tres capítulos, donde cada uno oficiaría en el arco cada acto, y dentro estarían estructurados también en tres actos. Sí, un quilombo.
3 Las bases del relato clásico las definió Artistóteles, por eso es un maldito bastardo que se mereció algo peor que la muerte que sufrió.


En el Limbo (parte II)

Publicado el Lunes, 22 de Enero de 2007 05:52 a.m.

A quien le pueda interesar (¿a nadie?):

Hace un poco más de un año, publiqué un post pésimamente redactado qué planteaba el hecho de que tengo mi historieta congelada desde mediados de 2004 porque me es difícil armar el guión con una estructura fuerte y le echaba la culpa de todo a Aristóteles porque hace tres mil años escribió las bases fundamentales de la teoría clásica del relato.

Hoy, siendo casi las 6 am del 22 de enero de 2007, en mitad de mis vacaciones, puedo afirmar (tambien con una redacción pésima) que estoy en el mismo punto que hace un año, pero por otros motivos. Y no puedo culpar a Aristóteles. Creo que es mi culpa. Pero como este es mi blog, no me voy a echar la culpa a mí, así que voy a culpar a Marcelo Marcote por manipular mi mente por telepatía y meterme ideas raras en la cabeza.

Luego de un año… raro… con algunos giros que parecían sacados de alguna temporada de Alias, y habiendo cursado Guión I en la facultad (donde aprendí cosas que me ayudaron a solucionar casi por completo todos los problemas que tenía con mi historieta en cuanto a estructura) me sentí preparado para afrontar la escritura de la versión definitiva de Historias Espaciales.

Ya tengo una idea de cómo armar la dinámica entre los personajes. Encontré al antagonista (léase “el malo”) perfecto con motivos claramente justificados para su accionar. La idea central me sirve para un número como para setecientos. Incluso sé qué camino va a tomar cada uno de los personajes. El final, con todo lo que implica, es para mí, uno de los mejores finales que un ser humano puede escribir (bueno che, para mí es bueno, déjenme entusiasmarme). O sea, las piezas están en su lugar.

Pero como dije más arriba, tengo ideas raras en la cabeza. Ideas que me están trabando.

Veamos: ¿Está bien que los personajes sufran? La respuesta sería sí, si es necesario para lo que quiero contar. De hecho, está bien que haga lo que quiera, siempre y cuando me sirva para lo que quiero contar y no porque sí (porque si hago las cosas porque sí, a la larga la historia se vuelve aburrida). Pero la pregunta la planteo desde un punto de vista… ¿moral? ¿Es correcto que los personajes sufran? ¿Está bien que porque “me sirve en la historia” haga que el personaje X la pase mal?

Sigo con las preguntas extrañas: ¿Porque veo que mi historia lo requiere, tengo que matar a X personaje? ¿Está bien que tenga que matar a algún personaje?

¿Y si dejo que sean felices y listo?

Esas preguntas conforman una parte de mis preocupaciones actuales, que realmente no entiendo. O sea, me estoy preocupando como si realmente estuvieran vivos. Como si lo que yo escriba, o no, sucediera realmente en algún lugar de este universo (u otro). Por ejemplo, uno de los ejes principales es una historia de amor donde los dos involucrados sufren de manera terrible. Y cuando terminé de idear todo, y aún sabiendo cómo iba a terminar todo… me sentí mal. Sentí culpa por lo que tramé.

La otra parte de mis preocupaciones actuales no involucra al “interior” de la historia sino al “exterior”.

¿Tiene que ser una historia pesimista?

¿Está bien que haga que una persona, que seguramente tiene sus propios problemas, lea una historia que deja, en una primera leída, un sabor amargo (amaguísimo, tal vez)?

¿No tendría que dar esperanzas de que todo puede mejorar, desde el principio hasta el final?

El que haya leído todo esto tal vez piense que mi problema se soluciona si me internan en un psiquiátrico, y en parte puede ser así. En definitiva, se trata de una historieta. Ni más, ni menos.

Yo sé que los personajes que diseño no son reales, yo sé que todo forma parte de un relato de ficción que en definitiva lo único que pretende es… entretener (y hacer reflexionar, al menos un poquito). Sin embargo, muchas veces siento que no es justo que a X personaje le pase tal cosa (aunque haya sido algo buscado por él). Como por ejemplo en la historia de amor que mencioné más arriba (tengo ejemplos mucho más claros, pero no quiero revelar nada de lo que tengo pensado porque…. bah, no sé por qué; pero no quiero).

Ya llegué a un punto en el que estoy escribiendo en piloto automático, y no puedo cerrar como corresponde la idea de este post. Así que, antes de embarrarla más, la corto. Me voy a dormir.

PD: sí sí, lo sé: estoy hecho mierda.

Lo que me parece gracioso es que en realidad, varios meses después de estas dos entradas, y si bien ya empecé a escribir… no estoy seguro de nada y me siguen agarrando las mismas dudas, por lo que me sigo trabando. Sé que en definitiva estoy contando un relato de ficción y que seguramente no va a leer nadie. ¿Me tengo que preocupar tanto? Y lo que es peor: ¿me tengo que preocupar por personajes que no existen?

Y sí, para mí la respuesta a las dos preguntas es . Qué se le va a hacer.

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